Londres, 38. De lo que vemos a lo que sentimos. / by jaume juncadella

“Todos en uno, uno en todos. Unidos como las raíces al tronco del árbol.
Una mano lava la otra y las dos se lavan juntas.
Así decían nuestros Achachilas
Juntos en el trabajo, juntos en la alegría, juntos en el dolor.”
Osvaldo Torres y Lican Antay



En mi primer Trabajo de final de carrera en el Grado de Fotografía en la UPC realicé un intento de Documental sobre el exilio desde Barcelona a Francia en la Guerra Civil titulado “Allez Allez” Posiblemente el título fue lo mejor del trabajo, eso y la experiencia en averiguar los lugares exactos de paso de aquella hilera de personas hacia un destino incierto. Después de uno de aquellos intentos de búsqueda, regresé de deambular por las calles de Figueres a mi viejo hostel dónde había alquilado una habitación para pasar la noche. Allí me esperaba una mujer de mediana edad en la recepción con su anciana madre sentada a su lado. Al verlas, intenté introducir a la conversación normal de un check in el motivo de mi viaje y surgió la magia. La madre de la recepcionista me dijo entre otras muchas cosas que el lugar de paso de los exiliados era justo la calle empedrada que yo había dejado pocos minutos atrás sin darle mayor importancia. No pude evitar la tentación de volver a ese lugar inmediatamente y en mi percepción, todos aquellos rincones, casas, etc… se llenaron de un gran significado. Cada uno de sus adoquines tenían cientos de miles de historias que explicar.


Unas fotografías mas o menos dramáticas, mas o menos interesantes de estas habitaciones aparentemente vacías de cosas y contenido. Mi compañera, Johanna, tubo que salir del edificio por las mil sensaciones que le recorrían.







“sufrieron brutales torturas en este recinto, permanecían vendados, generalmente amarrados a una silla, eran desnudados y no recibían alimentación y sólo excepcionalmente se les daba de beber. Denunciaron que fueron sometidos a interrogatorios durante todo el tiempo de su permanencia. Durante los interrogatorios los prisioneros fueron torturados con golpes, en ocasiones hasta causarles fracturas; pau de arara, el submarino seco y el mojado, con aplicación de electricidad en la parrilla, colgamiento, quemaduras con cigarrillos, el teléfono; fueron sometidos a la ruleta rusa; se les administraban drogas; estaban expuestos a ruidos molestos durante la noche para impedirles dormir, especialmente música a todo volumen. Eran obligados a escuchar y presenciar torturas a otros detenidos; fueron objeto de vejaciones y violaciones sexuales, de simulacros de fusilamiento, de amenazas y manipulación psicológica”
Testimonios de la Comisión Valech